La delincuencia

EDITORIAL

La delincuencia tiene que ser enfrentada con puño de hierro. La ola de robos, atracos y violaciones no puede ser detenida con poesías. Tiene que haber un accionar fuerte, vertical de las autoridades.

Las cárceles están llenas de los violadores a la tranquilidad, al patrimonio y a la vida de los ciudadanos-. Los derechos humanos defienden al indefenso, pero en ocasiones se les va la mano y se inclina mucho hacia el delincuente.

Pero sin ánimo de molestar a nadie, hay que defender la integridad física de cualquier ciudadano, y no se le puede molestar o quitar sus derechos, por simple sospechosas, o acusaciones hechas por partes interesadas.

Solo un juez en un juicio oral, público y contradictorio está en capacidad de condenar o poner en libertad al implicado en un hecho de sangre o corrupción.

Tienen que haber comisiones de derechos humanos para defender a las víctimas también.

El que sale herido de gravedad, o le llevan sus pertenencias en cualquier esquina, si no tiene un padrino está desprotegido.

Pero no podemos pedir manos duras para los rateros y dejar de lado la impunidad que existe con los ladrones de cuello blanco que casi nunca van las cárceles.

Los tribunales en ocasiones no tienen suficiente capacidad para  enjuiciar rápidamente a los acusados de cometer delitos varios.

La justicia alargada eternamente, es una injusticia, para la víctima, y un descanso para el victimario o agresor.

Es bueno aclarar que siempre hemos dicho que el puño duro no lo es todo en la lucha contra el crimen. Tienen que haber medidas de corte social, que vayan dirigidas a reducir los índices de miseria social.

La falta de oportunidades en la vida, y el deseo loco y enfermizo de trascender a como dé lugar en los económico, son los síntomas primigenios del soldado de la delincuencia y la corrupción.

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