A mis amigos Danilo Medina y Leonel Fernández

Por José Francisco Peña Guaba

Juan Vicente Gómez gobernó Venezuela durante 27 años con un estilo absolutamente concentrado y personal, al final todos esperaban más que su derrocamiento la muerte, se debatía entre el continuismo del gomecismo sin Gómez o la apertura a la democracia.

Tal vez sin proponérselo, el viejo zorro auspició la terminación de su modelo y renunció a la posibilidad de instaurar una dinastía familiar al modificar la constitución en 1931, estableciendo la sucesión a través del consejo de ministros y designando al Gral. Eleazar López Contreras al frente del ministerio de guerra y marina, señalando su sucesor sin decir palabra alguna. Se afirma que la designación de López Contreras como presidente fue consignada en un acta que precedió la muerte de un Gómez agónico, lo que no ocurrió sin un pequeño pulso con otro aspirante en el gabinete y con la familia, destacándose la muerte de Eustaquio Gómez, hermano del dictador y gobernador de Caracas al resistir el momento de su aprehensión para ser deportado.

A López Contreras le había correspondido enfrentar el frustrado ataque del cuartel San Carlos en 1928, orquestado en el marco de una conjura liderada por políticos, estudiantes y jóvenes cadetes, entre los que se encontraba su hijo mayor, Eleazar López Wolhmar, resistiendo estoicamente y en absoluta disciplina la prisión sobrevenida al hijo.

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