Crisis humanitaria

EDITORIAL

La crisis humanitaria haitiana que se teje a nivel de laboratorio de las grandes potencias, va a cambiar el panorama político y social de la República Dominicana. La disociación social de Haití arrastra a nuestro país, y eso es peligroso.

El desorden haitiano ha sido catapultado por el accionar de dejar pasar y dejar hacer de los países desarrollados envueltos directamente en la crisis. Las Naciones Unidas desmantelaron su fuerza de paz, dejando a los haitianos a expensas de  ir directos al infierno.

Se maneja ahora el concepto de crisis humanitaria, dentro de la poblada que estremece a Haití. Es un país donde no hay ejército, ni orden. Las grandes potencias se han lavado las manos, para profundizar lo que estiman es una gran crisis humanitaria.

Da la impresión de que se busca magnificar un gran desorden, cuyo punto culminante sería una gran avalancha de haitianos penetrando a territorio dominicano. De ahí surgirían los campamentos de refugiados en territorio nacional, y ya todo estaría perdido.

Hay que enfrentar la posibilidad de la frontera abierta y la comunión de nacionalidades. Haití es una república y dominicana otra. No se pueden fusionar, ni en el territorio, ni en lo político, ni en lo económico, ni en lo social.

Los dominicanos tenemos que enfrentar cualquier acción que vaya dirigida a vulnerar nuestra nacionalidad.

De por si es asfixiante la carga de más de un millón de haitianos que residen en el país, la mayoría ilegales y sin los requisitos sanitarios para determinar si están libres de ser portadores de virus que puedan desatar epidemias.

Es un panorama sombrío que aunque se quiera ignorar, lo cierto es que estamos en un volcán a punto de estallar.

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